Ética y Escalada
Por qué la personalidad de una vía es intocable.
Escalar es, en su esencia, un ejercicio de adaptación del ser humano a la roca, y no al revés. Sin embargo, asistimos hoy a una silenciosa pero constante alteración de nuestras paredes: la imposición de una ética individual basada en la comodidad y el miedo sobre la ética colectiva del respeto a la historia. Hablamos del retro-bolting o la adición de seguros en vías que ya tienen una personalidad definida.
La tesis es clara: la personalidad de una vía es intocable.
Cuando un aperturista traza una línea, no solo coloca anclajes; dota a la pared de un carácter, un ritmo y un nivel de compromiso específico. Ese es su legado y su único beneficio. Una vez bautizada y encadenada, la vía deja de pertenecer al aperturista —y mucho menos al repetidor ocasional— para pertenecerse a sí misma. Se convierte en un hecho histórico, en un examen que propone unas preguntas que el escalador debe estar preparado para responder.
Si el paso del tiempo exige un mantenimiento, este debe ser una restauración, nunca una modificación. Sustituir el material degradado es un deber; alterar su número o distancia es un acto de vandalismo cultural que borra el registro de lo que una generación fue capaz de soñar y atreverse. Si no podemos escalar una vía tal como es, el camino es entrenar más, no hacer la pared más pequeña. Defender el compromiso original es, en última instancia, defender la supervivencia de la aventura en la montaña.
Aquí presento una propuesta de principios irrenunciables que todo escalador en roca debería respetar.
Principios Irrenunciables.
El Código de la Roca
Para proteger la integridad de nuestras vías y el legado de quienes nos precedieron, establecemos estos principios como base de cualquier intervención en la pared.
Una vía de escalada es un hecho histórico, no un producto de consumo.
Es el registro de un momento, una técnica y una audacia específicas. Alterar su equipamiento original para hacerla «más accesible» es equivalente a retocar un cuadro clásico porque sus colores nos parecen oscuros. El escalador debe adaptarse a la vía; la vía nunca debe degradarse para adaptarse al escalador.
Restauración sí, modificación no
El mantenimiento de una vía es un acto de respeto y seguridad, pero debe ser estrictamente conservador. Reequipar significa sustituir un anclaje viejo por uno moderno en el mismo punto exacto. Añadir seguros intermedios que no existieron en la apertura original es un «parche» que traiciona el compromiso psicológico diseñado por el aperturista.
El compromiso como valor educativo
Los alejes y las secciones de autoprotección son parte del aprendizaje del escalador. Eliminar el miedo mediante el exceso de acero roba a las futuras generaciones la oportunidad de gestionar su propia mente. Si una vía te supera, el camino es la renuncia o el entrenamiento, no el taladro. El «derecho al fracaso» es sagrado en la montaña.
La soberanía de la obra sobre el autor
Ni siquiera el aperturista original tiene derecho a «actualizar» su vía años después si esto implica añadir seguros. La versión de aquel escalador que abrió la línea en su plenitud merece ser respetada, incluso por su yo del futuro. Una vez abierta, la vía pertenece al patrimonio colectivo y su personalidad es inalienable.
Silencio y respeto ante la duda
Ante la duda sobre si añadir o no un seguro, la respuesta ética es siempre no hacerlo. El acero es permanente, mientras que nuestra percepción del riesgo es subjetiva y pasajera. Respetar el vacío es respetar la aventura.
Conclusión: El Valor de lo Intacto
Defender la personalidad de una vía no es un acto de soberbia, sino de humildad ante la roca. Si permitimos que la comodidad dicte el equipamiento, acabaremos convirtiendo nuestras montañas en una red de gimnasios al aire libre, uniformes y carentes de alma. Al añadir un seguro que no existía, no estamos «mejorando» la seguridad; estamos borrando la historia y robando la oportunidad de aventura a quienes escalen después de nosotros.
La escalada es uno de los pocos espacios donde todavía podemos medirnos con la incertidumbre. Respetar los alejes, el compromiso y el estilo original es la única forma de garantizar que la montaña siga siendo un lugar de superación personal y no solo de consumo deportivo.
No permitamos que el miedo o la conveniencia del momento destruyan lo que generaciones de aperturistas nos confiaron. Una vía se pertenece a sí misma y su ética es su identidad. Mantenerla intacta es nuestro mayor acto de respeto hacia la comunidad, hacia el pasado y, sobre todo, hacia el futuro de este deporte. Que el acero sea el último recurso, y el respeto, nuestra primera norma.
Felipe Guinda
👏👏👏. Felipe.. Totalmente de acuerdo.
Totalmente de acuerdo con que la personalidad de la vía es intocable. Y si no me siento segura con vías de alejes pues me iré a hacer otra …será por vías. Y respetaré esas vías para escaladoras más valientes. Mucho ánimo maestro